Es importante establecer el vínculo que existe entre el liderazgo, la cultura organizacional y la toma de decisiones dentro de la empresa, ya que el liderazgo es el motor que promueve la cultura en la empresa y, por otro lado, induce la calidad en la toma de decisiones por medio de la cultura de la organización. En esta oración se sintetiza la interrelación de los tres elementos dentro de la organización.
La empresa puede tener como objetivo la generación de productos, la penetración en el mercado, las ventas, etc., pero el triángulo que define el rumbo de la organización es la cultura organizacional, el liderazgo y la toma de decisiones. Viéndolo así, la “estrategia” es un componente que está fundamentado en estos tres pilares de la empresa.
- La cultura organizacional: el marco invisible de las decisiones.
La cultura no es el discurso, ni los valores colgados en la pared. En muchos casos, son comportamientos no escritos ni predefinidos en un documento, o en muchos otros, son actitudes, ejemplo de la directiva de la empresa. Evidentemente, además de los valores definidos formalmente, es cómo se decide cuando no hay instrucciones.
La cultura define qué decisiones son aceptables o cuáles no son aceptables. También define, no de manera explícita, la velocidad y cautela que debe tenerse en la toma de decisiones en función del riesgo y también determina quién puede y debe decidir y los límites y alcances del tomador de decisiones.
En la práctica, la cultura responde preguntas como:
- ¿Se premia la iniciativa o la obediencia?
- ¿Se castiga el error o se aprende de él?
- ¿Importa más el resultado o el proceso?
Estas preguntas son trascendentes en la operación. Cada empresa tiene sus propias evaluaciones y existen modelos que pueden ofrecer una guía en la solución de estas preguntas, pero la más adecuada es la respuesta de la propia empresa, partiendo de la base de que una cultura organizacional débil genera decisiones inconsistentes y una cultura fuerte genera decisiones alineadas a la estrategia sin necesidad de control excesivo.
- El liderazgo: el traductor de la cultura en acción.
El liderazgo es el vehículo mediante el cual la cultura se vuelve real, se materializa en la empresa y se permea hacia las bases de la misma.
El líder modela la toma de decisiones por medio de ejemplificarla y alinearla a la cultura de la organización. No necesariamente la predica ni la pregona, más bien la induce y la fortalece. Define criterios que pesan más y justifican la toma de decisiones, como el corto plazo, los clientes, las personas, la rentabilidad, etc. Factiblemente, quien está al frente de cada función propone la decisión y puede consensuarse.
Dentro del proceso de liderazgo se envían constantemente señales de lo que puede tolerarse, lo que debe corregirse y lo que se puede ignorar, no como proceso sistemático, si no como análisis de procesos que no afectan la cultura organizacional de la empresa y la estrategia.
Comprendemos que la gente no toma decisiones como dice el manual “by the book”, lo hace de acuerdo a las instrucciones de su jefe. A partir de esta premisa, el líder tiene una gran responsabilidad diciendo lo que se debe hacer de manera verbal, por inducción o por medio del ejemplo. Por supuesto, el líder, no necesariamente estando consciente de cómo hacerlo, pero sí con un proceso natural de coherencia y ejemplo en su comportamiento.
Cuando el liderazgo es coherente, se acelera la ejecución en la operación, la administración, las finanzas, las ventas, etc., y se reduce la fricción interna, fortaleciendo la confianza en la toma de decisiones.
- La Toma de decisiones: el resultado visible.
La calidad de las decisiones es el síntoma más claro de la salud organizacional. Buenas decisiones: no quiere decir no equivocarse. Significa tomar decisiones congruentes con la cultura de la empresa, seguir los lineamientos prioritarios de corto plazo, considerar los riesgos, el mercado, la estrategia, las finanzas, etc., tener responsables definidos que respondan a los valores de la empresa y sus prioridades. Si el proceso o la decisión no es o no fue la adecuada, aprender de ello y considerarlo para nuevas decisiones. La condición no debe ser de aspectos punitivos cuando la decisión tomada no fue la adecuada, debe considerarse como aprendizaje, por supuesto con cierto nivel de tolerancia en la toma de decisiones por el mismo ejecutivo.
Las empresas maduras, organizan las decisiones como estratégicas, tácticas y operativas:
- Decisiones estratégicas – cuando el horizonte en tiempo se propone para el largo plazo, en promedio 5 a 10 años e impactan a toda la organización. Definen el rumbo, la dirección y la ventaja competitiva de la organización.
- Decisiones tácticas – cuando el horizonte de tiempo se propone para plazo más corto, 3 años y afecta a un área en particular. Traducen la estrategia en planes concretos.
- Decisiones operativas – son decisiones que se realizan para la operación del día a día y que permiten la operación eficiente de la empresa.
De la redacción de este documento, se intuyen varias preguntas, por ejemplo: ¿qué cultura estamos reforzando? ¿Qué liderazgo estamos premiando? ¿Qué comportamientos se están normalizando?, etc. Todas estas preguntas para la propia empresa han podido ser contestadas por nuestros clientes durante el proceso de implementación de la cultura organizacional que instituciones como THE OD CONSULTING GROUP https://theodcg.com tenemos en nuestros programas de cultura organizacional.
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